Lineal de legumbres con productos de Autor Foods

infoRETAIL.- El consumidor español ha entrado en una etapa de mayor control sobre su cesta de la compra. Compara más, visita distintos establecimientos, reduce el tamaño de cada compra y concede una importancia creciente a la relación entre precio y utilidad. No se trata únicamente de localizar el producto más económico, sino de decidir qué alimentos ofrecen más posibilidades, permiten resolver diferentes comidas y encajan en una alimentación equilibrada.
 
La evolución de los precios explica buena parte de este comportamiento. Los alimentos acumulan un encarecimiento cercano al 35% desde 2021. Esta presión no afecta por igual a todas las categorías. En agosto, el pescado se encarecía un 8% interanual; la carne de vacuno, un 9%; los huevos, un 13%; y las legumbres, un 16%. Por tanto, ya no basta con presentar estas últimas como una alternativa económica. Su valor debe explicarse desde una perspectiva más amplia: rendimiento, conservación, densidad nutricional, versatilidad culinaria y capacidad para integrarse en distintas ocasiones de consumo.
 
“Durante mucho tiempo se ha hablado de las legumbres casi exclusivamente en términos de precio. Ese argumento continúa siendo relevante, pero hoy resulta insuficiente. El consumidor valora cuánto le cuesta un producto, pero también cuánto le resuelve: cuántas recetas permite preparar, cuánto tiempo le exige y cómo contribuye a una alimentación equilibrada”, señala José Luis Díez, director gerente de Autor Foods, empresa especializada en la elaboración de legumbres.
 
Una categoría que gana presencia
Los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) muestran un avance de la categoría. En 2025, la demanda de legumbres aumentó alrededor de un 3% y sus ocasiones de consumo en los hogares crecieron un 2,5% respecto al año anterior. Además, su presencia llegó casi al 5% del total de ocasiones de consumo doméstico.
 
El incremento es significativo porque se produce en un contexto en el que los hogares están revisando tanto lo que compran como la manera de organizar sus comidas. Sin embargo, el crecimiento puntual no garantiza por sí solo una consolidación de la categoría. El verdadero desafío consiste en convertir la compra motivada por la coyuntura económica en un hábito estable.
 
“Que las legumbres ganen presencia en la cesta es una buena noticia, pero el dato más importante será comprobar si mantienen ese espacio cuando cambie el contexto. Para conseguirlo, la categoría debe demostrar que no es solamente una solución frente al encarecimiento de otros alimentos, sino un recurso habitual para comidas muy diferentes”, explica el responsable de Autor Foods, empresa que lleva más de un siglo operando en el sector de las legumbres.
 
Esta lectura obliga a superar la asociación casi exclusiva entre legumbres y platos tradicionales de cuchara. Lentejas, garbanzos y alubias siguen teniendo un papel central en el recetario español, pero también pueden incorporarse a ensaladas, salteados, cremas, guarniciones, platos únicos, propuestas para llevar o recetas procedentes de otras culturas gastronómicas. Ampliar el repertorio visible permite ampliar también las ocasiones de compra.
 
Cestas más pequeñas y compras más frecuentes
El Informe anual del consumo alimentario en España 2025 identifica un cambio relevante en la forma de comprar. Los hogares acuden al establecimiento más de cuatro veces por semana y disminuye el volumen adquirido en cada visita.
 
La evolución demográfica contribuye a este comportamiento. Los hogares están formados por menos personas, tienen una edad media más elevada y se concentran en mayor medida en grandes núcleos urbanos. Esto favorece compras más pequeñas, próximas y frecuentes, en las que la practicidad y la capacidad de evitar desperdicios adquieren mayor importancia.
 
Según el MAPA, proximidad, practicidad y variedad de surtido son los aspectos más valorados por los consumidores. “Cuando las cestas son más pequeñas, cada referencia tiene que justificar mejor su presencia. En las legumbres, esto afecta al formato, a la cantidad, a la facilidad de conservación y a la claridad con la que se comunica el uso del producto. No todos los hogares necesitan lo mismo ni compran con la misma planificación”, apunta el gerente de Autor Foods.
 
Para la distribución, este escenario invita a revisar si el surtido refleja la diversidad real de hogares y misiones de compra. Los formatos familiares siguen siendo necesarios, pero conviven con consumidores que buscan cantidades ajustadas, productos fáciles de almacenar y soluciones que permitan preparar una comida sin generar sobrantes difíciles de aprovechar.

 
Dos respuestas para distintas economías de tiempo
La categoría dispone de una ventaja estructural: puede responder tanto a quienes planifican la alimentación y cocinan desde la materia prima como a quienes necesitan reducir el tiempo de preparación. La legumbre seca y la cocida no tienen por qué competir por el mismo espacio mental; atienden necesidades diferentes y pueden reforzarse mutuamente.
 
La primera conecta con la cocina planificada, el control sobre la receta y el rendimiento. La segunda elimina las fases de remojo y cocción, reduce la barrera de entrada y facilita usos rápidos. Ambas permiten construir una categoría más amplia si el lineal ayude a comprender qué función cumple cada formato.
 
La conveniencia resulta especialmente relevante. Casi el 96% de los españoles come o cena en casa, pero el tiempo medio dedicado a preparar esas comidas se ha reducido hasta aproximadamente 25 minutos. Esta evolución está favoreciendo menús más sencillos y una mayor presencia del plato único.
 
“La falta de tiempo no implica falta de interés por comer bien. Muchas veces el consumidor conoce el valor de las legumbres, pero no encuentra la forma de incorporarlas a su rutina. La legumbre cocida reduce esa distancia; la seca sigue aportando economía, planificación y una enorme riqueza culinaria. El crecimiento de la categoría pasa por entender que ambas responden a momentos distintos”, afirma Díez, desde la experiencia de liderar una empresa como Autor Foods que elabora, en exclusiva, legumbres: secas y cocidas.
 
Esta complementariedad puede trasladarse al punto de venta mediante una organización que no se limite a diferenciar variedades o tamaños. También puede mostrar soluciones: legumbres para ensalada, para un plato único rápido, para cocinar el fin de semana, para preparar cremas o para incorporar a recetas internacionales. La pregunta deja de ser únicamente qué producto se ofrece y pasa a ser qué necesidad ayuda a resolver.


 
La marca del distribuidor y el salto cualitativo de la categoría
La marca del distribuidor representa casi el 49% del valor de la alimentación envasada. Este crecimiento refuerza la responsabilidad de las cadenas en la evolución de categorías básicas como las legumbres.
 
El siguiente paso no consiste únicamente en competir en precio. También exige definir una arquitectura de surtido comprensible, asegurar una calidad constante, diferenciar usos y formatos y detectar espacios de innovación que aporten utilidad real. En una categoría madura, innovar puede significar algo tan concreto como ajustar el tamaño a nuevos hogares, mejorar la información de uso o facilitar que el consumidor identifique una solución para una comida rápida.
 
“La marca del distribuidor tiene capacidad para hacer crecer la categoría porque llega a una parte muy amplia de los hogares. Esa posición permite ordenar el surtido, eliminar complejidad innecesaria y, al mismo tiempo, introducir propuestas que respondan a hábitos emergentes. La innovación útil no siempre consiste en añadir más referencias, sino en conseguir que cada una tenga una función clara”, sostiene Díez, aludiendo a la experiencia de Autor Foods como experto en elaboración de legumbres con marca de distribuidor.
 
Para evaluar esa evolución, la distribución puede mirar más allá de la rotación aislada de cada producto. “La penetración de la categoría, la frecuencia de compra, la complementariedad entre seca y cocida, el comportamiento de los distintos formatos y la capacidad de generar nuevas ocasiones de consumo”, enumera Díez, aludiendo a la necesidad de tener una visión más completa para que la distribución puede transformar el interés de los consumidores por las legumbres en una presencia más cotidiana y diversificada de las mismas.